Todo empezó como empiezan las cosas importantes: con un grupo pequeño de personas y muchas ganas. Donde hubiera una barra y un poco de espacio —en gimnasios, en la calle o en coliseos— los primeros levantadores peruanos se reunían a entrenar sentadilla, press de banca y peso muerto, sin imaginar que estaban poniendo los cimientos de un deporte que hoy sigue creciendo.
Con el tiempo, esa pasión necesitó una casa. Así nació la Federación Deportiva Nacional de Levantamiento de Potencia del Perú: para organizar competencias serias, formar jueces, aplicar el reglamento internacional de la IPF y darle a cada atleta la oportunidad de medirse en igualdad de condiciones, sin importar de dónde viene ni cuánto levanta el primer día.